En la nueva temporada de “Influencers haciendo cosas que nadie pidió”, un restaurante de Guanajuato decidió romper la cuarta pared y ponerle stop a las colaboraciones involuntarias. ¿Cómo? Con un letrerito que dice, directo y sin vaselina:
“PROHIBIDO INFLUENCERS” 🚫📸
Sí, así. Caps Lock emocional y todo.
Y obvio, internet explotó más rápido que una olla de frijoles sin revisar.
Según el personal del lugar (aka los verdaderos héroes no reconocidos del servicio al cliente), la película siempre era la misma:
Influencer llega con camarita, pide tres entradas, dos fuertes y un postre “que se vea bonito”, y al final…
— “¿Y si mejor te pago con una historia? Tengo 4 mil seguidores, papi.”
Y el restaurante:
— Mi rey, con eso no pago la luz ni el gas.
La decisión no vino de la nada: un pequeño sondeo que circula en redes —y que todos aseguramos haber visto, pero nadie recuerda quién publicó— muestra que 7 de cada 10 restaurantes en México han recibido propuestas de colaboraciones absurdas, tipo “te etiqueto si me das brunch ilimitado”.

Aquí es donde el internet se dividió como si fuera final de La Casa de los Famosos:
Team Restauranteros:
“Ya estuvo, cada día llega alguien queriendo comer gratis por grabar un TikTok que no ven ni sus tías.”
Team Influencers:
“No todos somos así, hay quienes sí generamos ventas. Dejen de satanizarnos, plis.”
La discusión está tan encendida que ya hay quien propone crear un INE de influencers, con credencial que valide quién trabaja y quién solo presume. México siendo México.
Legalmente sí. Moralmente, depende de qué lado de la cámara estés.
Pero la conversación abrió un punto interesante: ¿debería haber reglas claras entre creadores y negocios?
Porque una cosa es colaborar… y otra es llegar a pedir tu comida “en especie digital”
Ya hicieron stickers, memes y hasta un filtro de Instagram que dice: “No soy influencer, solo tengo hambre.”
Y honestamente, mood.
Si conoces otro restaurante que quiera poner su propio “Prohibido influencers”, cuéntanos: ¿de qué team eres tú? 🍽️📵