En Guanajuato, el debate del Presupuesto de Egresos 2026 se puso tenso, incómodo y muy político.
Tan político, que las diputadas y diputados de Morena optaron por abandonar la sesión del Congreso estatal cuando el bloque PAN-PRI-PVEM-MC votó en contra de reasignar casi 300 millones de pesos.
Sí, se salieron. No fue receso, no fue baño, no fue café.
Fue “así no juego”, versión legislativa.
Antes de que alguien diga “seguro era para ocurrencias”, no.
Las reservas que Morena puso sobre la mesa buscaban aumentar recursos para:
O sea, cosas que sí salen en los discursos, pero que misteriosamente no siempre pasan al presupuesto.
El bloque mayoritario rechazó la reasignación y Morena respondió con la salida del pleno.
La señal fue clara, aunque incómoda:
“Si no nos escuchan, no nos quedamos”.
Pero aquí viene la parte que sí merece análisis, no meme fácil:
salirse también significa no dar la pelea hasta el final, justo en un tema donde se esperaba presión política, argumentos y votos… no sillas vacías.
Porque hay algo de lo que estamos seguros:
irse de la mesa no siempre gana la discusión.
La sesión tuvo su giro dramático cuando María Eugenia García Oliveros, diputada de Morena, rompió filas y decidió quedarse.
Dato que no es menor:
unas horas antes, su propio coordinador, Ricardo Ferro, impulsó quitarle la presidencia de la Comisión de Justicia.
Casualidad… o mensaje interno bastante directo.
La fractura dentro de Morena ya no se disimula ni con discurso de unidad. Hoy fue visible, pública y con pase de lista.
Este episodio deja varias preguntas incómodas:
Mientras tanto, el Presupuesto 2026 sigue su curso, los recursos no se movieron y las necesidades tampoco desaparecieron.
En Guanajuato, la política sigue pareciendo partido de fútbol…
pero a veces, cuando el árbitro no marca, irse de la cancha no cambia el marcador.